Con una mirada serena a punto de atacar y mover hasta el mas mínimo musculo para prohibirte el ingreso, así es como se instalan los guardacostas, los cachacos, los militares, los guardianes de un centro de estudio al momento de ingresar a la universidad. Como si fueran unas criaturas sabandijas, hienas pérdidas en el bosque así es como te reciben en la puerta de mi casa de estudio. Afilando el verbo y con las ganas de joder a quien transeúnte se le atreviese en su enfrente, así es como distorsionan el transito los viejos alguaciles. Al atravesar esa barrera de seguridad mis ojos se abren campo entre mil y una maravillas, mil y una pesadillas, mil y una dolencias que estarán por llegar. La clase termino y los break son sólo suspiros que de tanto suspiros ya hasta casi me llego a asfixiar. Mi voz se pone ronca, mis ojos parpadean la piel se me pone de gallina al saber que el traidor llega. Me encontraba llegando al salón de clases como siempre tarde, era mi costumbre, mi forma de ser, sentía que es mejor dejar que el tiempo corra para que llegar temprano al aula de clases si puedes llegar tarde, pasada de las horas de inicio con un mejor humor, un mejor ánimo, una manera distinta de analizar el panorama periodístico. Aledaño a mi asiento se encuentra Raúl, amigo de una y mis batallas. Con él me he metido las juergas mas increíbles que me pudiera imaginar, jamás pensé que en la vida podría divertirme tanto. Me enseño el romance entre la marihuana y el hombre.
JORGE: –Habla Raúl que están haciendo-,
RAUL: -puta mare huebon tu siempre tarde y llegas a joder nomas, lo de la pizarra ps huevón copia nomas-. De hecho que se trataba de Raúl, el fiel chico afanoso por la barra a la que un carajo le importaba el estudio. Entre Raúl y Yo ocurría como una hermandad hacíamos grupos en todos los cursos, nos tirábamos la pera juntos, fumábamos toda la hierba del mundo al salir de clases y nos íbamos de parranda todos los fines de semana sin pestañar uno.
El mundo se hacía chico para los dos. Dos seres humanos dispuestos a apartarse del ámbito terrenal por el simple hecho de estar juntos. Amigos de uña y mugre.
RAÚL: Jorge este fin de semana hay tono.
JORGE: donde huebón somos de todas maneras.
Ya no era necesario palabrear tanto para saber que este fin de semana nos íbamos a perder nos íbamos a matar chupando tanto alcohol que después ni donar sangre podríamos.
Sin mucho palabreo y llegando al grano quédate sentadito nomas, tomando tu cafecito, no te desesperes que la acción llegará, se paciente y buenmozo que al decrifrarla no te podrás olvidar de ella jamás. Raúl el chico que yo mas estime durante toda mi formación universitaria, se convirtió de la noche a la mañana en el más temible Judas, que te hallas podido imaginar. Este pérfido sujeto se enamoro de la doncella por quien yo partía en regocijo cada vez que escuchaba su llamada. Estaba saliendo hace ya más de medio año con Romina, una chavita guapetona de test oscuro, labios enjutos y mirada encantadora. La conocí en una discoteca de clase media ubicada en Los Olivos, desde que la vi supe que era para mí, una chica encantadora, coqueta, son como de esas damas que con el simplemente hecho de cruzar mirada con ella sientes que las estrellas ya no brillan como antes, que la luna alumbra más las noches y que el sol, el sol… del sol tiene que ser tu corazón.
Me gusto ella indudablemente fue un chispazo de ternura que corrió por mis venas desde ese primer instante en que la conocí. Luego de 6 meses de conocerla no habría hora ni minuto que no estuviera en mis pensamientos. Le dije a Romina- Mi amor viajare un par de meses para un trabajo llegare para fiestas patrias.-
En el trayecto de mi viaje, ya instalado en los mejores asientos con ventana de Oltursa, jamás imaginaria que la chica de mis sueños estuviera saliendo con mi mejor amigo. Pero fíjate como cambia el destino, como la emotividad exagera al raciocinio. Raúl aquel joven agudo e inocente se aprovecho de mi ausencia para invitarle a Romina a una de esas discotecas de malvivir del distrito de Barranco, mi amor buenamoza ella acepto sin más preámbulos. Se encontraron en el ovalo de Miraflores ya casi caída las diez de la noche, el sujeto este de lo más feliz con su blue jeans y un polo Adidas; mi reina de lo más deslumbrante con su escote rosado y su pantalón rasgado. Luego de haber dado un caluroso abrazo de bienvenida, no esperaron el pasar de los minutos para tomar un taxi hacia el ov. Balta, lugar donde se encontraba esa vil discoteca a la cual yo quisiera cerrar. Mientras ingresaban a la discoteca “BIRMANIA”, el desertor de Jorge ya había hecho su cronograma de actividades para poder aprovecharse de Romina. Primero le invitara varias jarras de cerveza, luego la sacaría a bailar como si se tratara de un espectáculo de “EL GRAN SHOW”, y luego la obligaría ir a su casa. Instalados en una de las mesas de aquella discoteca, se contagiaron con la euforia de los demás visitantes, compartieron piezas de baile, tomaron más de un seco volteado de cerveza cristal.
Romina se encontraba en estado etílico, y se retiro a los servicios higiénicos, esos baratos que ponen en las discotecas esas de ratonera donde tiene la imagen luminosa de una mujer. Mirándose al espejo mientras se acomodaba su laceado cabello con gotas de agua, quería irse a su domicilio ya era hora de partir, su organismo ya no podía consumir más alcohol. Al salir del baño le dijo a Raúl: ehy llévame a mi domicilio no me encuentro bien. El tan vil y canalla le dijo: No Romina no te preocupes que acá podemos descansar en un lugar cercano yo conozco uno. Obviamente ya se había metido sus tres bates de hierba y a las justas sabía lo que hablaba, ese día le vendieron como quien callejero dice de la mala, una hierba que te pone rabioso, eufórico, furibundo. Al partir de la discoteca, Romina ya casi dormida se dejo llevar por la buena confianza que le tenía a Raúl. Se dirigieron a la casa de Raúl, una vieja casona ubicada en la última cuadra de la av. El Ejército. Ambos entraron casi tambaleando a la sala de su casa. Raúl acompaño a Romina a un dormitorio para huéspedes donde ya tenía todo listo para hacer su fechoría. Romina se acostó sin mínimo descuido en la cama. Raúl espero el primer pestañeo para abalanzarse encima y decirle a Romina: -Bájate el pantalón conchatumadre-. Romina preocupada miro a Raúl con una mirada perdida como desconociendo a ese personaje que estaba ya en esos momentos arriba de ella. El tan animal de Raúl le arranco su escote rosado con sus indignas manos y se atrevió a toquetear los senos de esta inocente criatura. Romina no podía creer lo que estaba pasando y entre arañazos y empujones trato sacarse esa sabandija de encima, hasta que Raúl ya habiendo estudiado adecuadamente la situación saco un palo de escoba y le aventó de manera potente en el lado posterior de la cabeza de Romina, cayendo ella inconsciente. Raúl aprovecho las circunstancias para complacer todas sus fantasías sexuales.
No se había cumplido los meses de plazó en el que me fui de viaje tan sólo un par de semanas me basto, para que una llamada me destruyera el alma. Era mi Romina explicándome todo lo que había pasado. No lo pensé dos veces y tome el primer avión hacia Lima. Busque incesantemente el paradero de este pérfido sujeto sin suerte alguna, al parecer se mudo, se largo, se fue de viaje, o no sé qué chucha paso. La herida estaba abierta. Romina me conto minuciosamente como habrían ocurrido todos los hechos destrozándome con cada palabra miles de partículas y millones de sentimientos que tenia por la humanidad. Estúpidamente termine con Romina le dije:- para que chucha sales con ese huebón, ese fumón de mierda, no debiste aceptarle eres una completa irresponsable.- Mis palabras sonaban como fusibles al caer en su rostro.
Torpemente me aleje de ella, torpemente no seguí buscando al canalla de Raúl, torpemente decidí perderme entre los humos de la marihuana y no volver a enseñar mi carné al guardián de mi universidad.






